Un sombrero de cielo by Terry Pratchett

Un sombrero de cielo by Terry Pratchett

autor:Terry Pratchett [Pratchett, Terry]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Fantástico
editor: ePubLibre
publicado: 2004-01-01T05:00:00+00:00


La mercancía se puede coger

Pero mejor no lo haga

Porque si la fuera a romper

Así lo descuarticen unos caballos salvajes

Tiffany sostuvo en alto la bola más grande y vio con el rabillo del ojo que Zakzak se apartaba un poco del mostrador, listo para llegar corriendo con una factura si se le caía.

—La señorita Lento usa un platito con agua y unas gotas de tinta —dijo—. Y en general pide el agua y gorronea la tinta, por cierto.

—Vaya, una fundamentalista —dijo Annagramma—. Letice, o sea, la señora Carcoma, dice que dan muy mala imagen de nosotras. ¿De verdad queremos que la gente nos vea como un puñado de viejas locas vestidas como cuervos? ¡Solo falta la casita de mazapán! De verdad deberíamos tomárnoslo con más profesionalidad.

—Hum —dijo Tiffany, lanzando hacia arriba la bola de cristal y cogiéndola de nuevo con una sola mano—. La gente debería temer a las brujas.

—Bueno, esto… desde luego, deberían respetarnos —dijo Annagramma—. Hum… yo en tu lugar tendría cuidado con eso…

—¿Por qué? —dijo Tiffany mientras tiraba la bola hacia atrás por encima del hombro.

—¡Eso era cuarzo del bueno! —gritó Zakzak, saliendo al trote del mostrador.

—¡Oh, Tiffany! —exclamó Annagramma, asombrada pero intentando no reírse.

Zakzak pasó junto a ellas hacia el lugar donde la bola destrozada yacía en cientos de caros pedaci…

… no yacía en cientos de caros pedacitos.

El enano y Annagramma se volvieron hacia Tiffany.

Que estaba haciendo girar la esfera de cristal en la punta de un dedo.

—La rapidez de gestos engaña al ojo —dijo.

—¡Pero si he oído cómo estallaba! —protestó Zakzak.

—También engaña al oído —replicó Tiffany, devolviendo la bola a su soporte—. No me la llevo, pero —dijo, señalando con un dedo— me quedo ese collar y ese otro y el de los gatos y ese anillo y los pendientes a conjunto y dos, no, tres de aquellos de ahí, y… ¿qué es esto?

—Hum, eso es un Libro de la Noche —dijo Annagramma, nerviosa—. Es una especie de diario mágico, para apuntar en qué has estado trabajando…

Tiffany cogió el libro encuadernado en cuero. En la portada había un ojo engarzado en una lámina de cuero más grueso. El ojo giró para mirarla. Aquel sí que era el diario de una bruja, mucho más impresionante que un libro viejo comprado a un buhonero por un precio que daba vergüenza.

—¿De quién era el ojo? —preguntó Tiffany—. ¿De alguien interesante?

—Esto… Los libros me los mandan de la Universidad Invisible —dijo Zakzak, que aún no se había recuperado de la impresión—. No son ojos de verdad, pero sí que saben ir dando vueltas hasta que ven otro ojo.

—Acaba de parpadear —dijo Tiffany.

—Sí que son listos esos magos —dijo el enano, que sabía reconocer a una buena clienta—. ¿Quieres que te lo envuelva?

—Sí —decidió Tiffany—. Envuélvalo todo. Y ahora ¿me oye alguien? enséñeme la sección de ropa…

… en la que había sombreros. La brujería tiene sus modas, igual que todo lo demás. Algunas temporadas se llevaba una imagen ligeramente acordeonada, y entonces llegaban a verse sombreros con la punta tan caída que casi señalaba al suelo.



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